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martes, 11 de marzo de 2025

Corto. La Línea de la Concepción.


Lo que hoy día es término municipal de La Línea de la Concepción fue parte del término de Gibraltar, en el Reino de Sevilla, desde su conquista al Reino nazarí de Granada por parte de la Corona de Castilla en el siglo XV, hasta la conquista anglo-neerlandesa a principios del siglo XVIII.

1) La guerra de sucesión española y la conquista británica de Gibraltar.

Al morir el rey Carlos II El Hechizado sin descendencia en 1700, la Corona de España recayó en Felipe de Anjou, designado como heredero por el rey español. Poco tiempo después estallaría una Guerra de Sucesión cuando los austríacos se negaron a reconocer como rey a Felipe. El monarca español contaba con el apoyo de Francia (era nieto de Luis XIV de Francia) mientras que AustriaInglaterra y Holanda eran partidarias del candidato austriaco, el Archiduque Carlos, por temor al daño que podría causar a sus intereses el surgimiento de una potencia del calibre de la resultante tras una hipotética unión entre España y Francia.

En agosto de 1704, mientras regresaba a Lisboa tras el infructuoso intento de tomar la ciudad de Barcelona, una flota anglo-neerlandesa con 45 navíos de línea británicos y 10 holandeses bajo el mando del almirante George Rooke tomó la ciudad de Gibraltar en nombre del archiduque Carlos de Austria. Las fuerzas de desembarco estaban formadas aproximadamente por unos 10 000 hombres al mando del príncipe de Darmstadt, jefe de las tropas partidarias del archiduque, mientras que la Plaza de Gibraltar contaba solo con un centenar de piezas de artillería y su guarnición ordinaria formada por 60 o 70 hombres bajo el mando de Diego de Salinas, a los que se sumaron voluntarios y vecinos armados hasta rondar la escasa cifra de 400 hombres.

Las hostilidades dieron comienzo el día 2 de agosto de 1704. La flota angloholandesa, con sus 1500 piezas de artillería, disparó 30 000 proyectiles en unas seis horas, demoliendo gran parte de las fortificaciones de la plaza. Gibraltar cayó el siguiente día. En teoría las fuerzas anglo-holandesas no llegaban con ánimo de invadir ni conquistar ninguna parte de España sino de proteger y liberar a los españoles del pretendiente francés al trono de España, Felipe de Anjou. Sin embargo, una vez tomada la plaza, el almirante Rooke, arrió el estandarte del archiduque Carlos —izado por el príncipe de Hesse— sustituyéndolo por el inglés al tiempo que proclamaba a la reina Ana, dueña y señora del Peñón de Gibraltar. La población española de Gibraltar optó por trasladarse en bloque, lo mismo que su guarnición. La mayoría buscó refugio en los alrededores de la ermita de San Roque, con la esperanza de que la situación se restableciera en poco tiempo y pudieran volver a sus hogares, fundándose en 1706 la ciudad de San Roque, «donde reside la de Gibraltar», como reza su lema en memoria del origen de su población. Otra parte de los gibraltareños originales optó por trasladarse a las cercanías de la ermita de San Isidro, dando así origen a la villa de Los Barrios, fundada el 4 de agosto de 1704, mientras que una minoría buscó refugio en las ruinas de la ciudad de Algeciras, refundada en 1704, deshabitada desde 1379, año en que la ciudad fue destruida e incendiada por los nazaríes al ver que serían incapaces de conservarla ante el avance de las tropas cristianas. 


El rey de España Felipe V, nombre con el que fue coronado Felipe de Anjou, ordenó al marqués de Villadarías que sitiara la Plaza de Gibraltar. Este primer intento de recuperar la ciudad resulta infructuoso y el ejército español levantó el asedio. Sin embargo, a fin de vigilar el istmo y oponerse a una posible invasión del resto del territorio, estableció una guarnición permanente en esta zona y creó el Gobierno del Campo de Gibraltar. En 1713 se firmó el Tratado de Utrecht en cuyo décimo artículo España cedió Gibraltar a Gran Bretaña.[8]


La Línea de Contravalación o La Línea de Gibraltar.

Gibraltar estuvo bajo vigilancia constante y fue sitiada en varias ocasiones (17271779-1783) sin demasiada suerte para los ejércitos españoles. Los ingleses, más fuertes que nunca, iniciaron una política expansionista, comiendo terreno al istmo, que no estaba contemplado en el Tratado de Utrecht. Ante este hecho, el gobierno español tomó una decisión que sería fundamental en la historia de la futura Línea de la Concepción: la construcción de una plaza fuerte, Línea de Contravalación o Línea de Gibraltar.

Esta orden fue dada el 2 de noviembre de 1730 al director de ingenieros, Jorge Próspero de Verboom, para la construcción de dos fuertes, uno situado a levante y otro a poniente del istmo, unidos ambos por una línea de fortificación, con el propósito de impedir el tránsito y hacer prevalecer los derechos sobre el istmo, además de hacer patente la presencia española en la zona, prohibiendo a los barcos ingleses el atraque fuera del puerto de Gibraltar.

En 1731 se inició la construcción de los dos grandes fuertes, llamados de Santa Bárbara y San Felipe. El primero recibe este nombre en honor de la Patrona del Arma de Artillería, ubicándose en la playa de levante, siendo aún visibles sus restos. El segundo toma su nombre en honor del rey, Felipe V, y se sitúa en la playa de poniente.

Entre estos dos fuertes se construyó una gran muralla central con varias plazas de armas en punta de diamante con sus cuerpos de guardia respectivos, discurriendo desde Santa Bárbara a San Felipe. Todos ellos, se encontraban situados a una distancia equidistante, llamados de Santa Mariana, San Benito, semi-plaza de armas y cuerpo de guardia de San José, San Fernando y San Carlos.

Se finalizaría la construcción de esta formidable línea defensiva con todos sus baluartes en 1735: la llamada Línea de Contravalación o Línea de Gibraltar.

Así pues, en sus orígenes La Línea no fue más que una especie de campamento provisional formado por artesanos y comerciantes que abastecían a los militares y a sus familiares en las proximidades de las fortificaciones levantadas para asediar Gibraltar, ya que por ser un territorio en conflicto no se autorizaba el asentamiento de población civil de forma estable.

Las fortalezas de La Línea de Gibraltar quedarían intactas durante más de ochenta años, cumpliendo el objetivo por las que fueron construidas. A principios del siglo XIX se produce la invasión de la península ibérica por parte de las tropas francesas. España había firmado un pacto de defensa con Inglaterra para luchar contra los franceses en la Guerra de la Independencia Española.

Con el pretexto del temor a que las tropas de Napoleón Bonaparte, que ya habían llegado a la comarca campogibraltareña, se adueñasen de esta línea fortificada, los españoles accedieron a que el coronel británico Holloway, jefe de ingenieros en la guarnición de Gibraltar, derribase las fortificaciones españolas y las baterías de sus alrededores, procediendo a su voladura el día 14 de febrero de 1810.

Tras la destrucción de la línea física que bloqueaba el paso por el istmo, la ciudad continuó creciendo con una gran dependencia de Gibraltar, ya que cubrió las necesidades de todo tipo de la colonia británica (suministro de alimentos: carnes, frutas, verduras y hortalizas, de recreo y diversión, de espacio físico para alojamiento próximo de una fuerza de trabajo abundante al servicio de un Imperio en expansión, etc.)


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